martes, 15 de septiembre de 2026

NUESTRO THRILLER | AL OTRO LADO — CAPÍTULO 2

 La notificación volvió a sonar.

Clara seguía en el recibidor, con la vista clavada en los pedazos de porcelana. Uno había quedado junto a su pie izquierdo; otro, más pequeño, había rodado hasta chocar contra la pared.

Desde allí podía ver el resplandor del portátil.

1 comentario pendiente de moderación.

Cerró la puerta y pasó el cerrojo. Luego apoyó la espalda contra ella y escuchó.

Nada.

Ni el ascensor. Ni una puerta cerrándose. Ni pasos bajando por la escalera.

Quien hubiera dejado la taza no podía haberse evaporado.

Clara regresó al salón. Los nervios habían convertido la pierna izquierda en un peso muerto y tuvo que apoyarse en los muebles. Aquello la enfureció más de lo que la asustaba. Su cuerpo tenía un talento especial para escoger los peores momentos.

Se dejó caer en la silla.

El comentario esperaba en la pantalla.

No tenía nombre.

Clara hizo clic.

No recojas los pedazos.

Apartó la mano del ratón.

Miró hacia el recibidor.

—¿Dónde estás?

La pregunta salió antes de que pudiera contenerla.

Se sintió ridícula en cuanto la oyó. Estaba hablando con una pantalla.

Entonces comprendió lo importante.

No había recogido la taza.

El comentario había llegado después de que se rompiera.

Se levantó y fue hasta la ventana. Separó apenas la cortina y observó la calle. Dos coches aparcados, una moto, las ventanas iluminadas del edificio de enfrente. Un hombre caminaba mirando el teléfono. Nada que pudiera relacionar con ella.

Miró hacia arriba.

Los edificios también tenían ventanas.

Muchas.

Soltó la cortina.

Volvió al ordenador y abrió los datos del comentario. Esperaba encontrar una dirección, un correo electrónico, cualquier cosa que transformara al desconocido en alguien real.

Nada útil.

El cursor quedó sobre Eliminar.

No lo hizo.

Esta vez tomó una captura de pantalla.

Después abrió un documento nuevo y escribió:

22:17. Timbre.

Taza en la puerta.

Mensaje dentro: MAÑANA SERÁS TÚ.

Comentario: NO RECOJAS LOS PEDAZOS.

Lo leyó.

Parecía la lista de alguien que estuviera intentando escribir una mala novela.

Solo que la taza seguía rota en su casa.

Clara cogió el móvil y fotografió los restos desde donde estaba. Después se acercó despacio. No sabía por qué obedecía aquella orden. Quizá porque tocar los pedazos significaba hacer exactamente aquello que el desconocido esperaba que hiciera.

Se agachó con dificultad.

Uno de los fragmentos mostraba parte de las letras negras.

…SIEMPRE HAY ALGUIEN.

No lo tocó.

Otro estaba boca abajo.

Clara lo giró con la punta del zapato.

Había algo escrito en la cara interior.

Se quedó mirándolo.

No era rotulador negro como el mensaje del fondo de la taza. Eran tres cifras pequeñas, rojas.

314

Clara acercó el móvil y tomó una fotografía.

—¿Qué coño es 314?

El ordenador respondió con otra notificación.

Clara levantó la cabeza.

No se movió durante unos segundos. Después regresó al escritorio y abrió el comentario.

Esta vez solo había una pregunta.

¿Lo has encontrado?

Clara sintió un escalofrío.

Escribió una respuesta.

¿Quién eres?

La dejó preparada, pero no pulsó publicar.

Hasta aquel momento el desconocido había hablado y ella había escuchado. Contestar significaba otra cosa. Significaba aceptar que existía una conversación.

Borró la frase.

El comentario cambió delante de ella.

Clara parpadeó.

Ahora decía:

Buena decisión.

Se levantó tan deprisa que la silla golpeó la pared.

—No.

Cerró el portátil.

Esta vez comprobó que la pantalla quedara completamente negra.

Cogió el teléfono y se alejó del escritorio.

Entonces oyó un ruido en el rellano.

Un roce breve.

Después, pasos.

Clara llegó hasta la puerta y miró por la mirilla.

Vio una espalda desaparecer hacia la escalera.

—¡Eh!

Abrió.

El rellano estaba vacío.

No intentó seguir a nadie.

Junto a los restos de la taza había un sobre que antes no estaba allí.

Blanco.

Sin sello.

En el anverso habían escrito su nombre.

CLARA.

Lo recogió y cerró la puerta.

Dentro había una fotografía.

Un hombre de unos cincuenta años salía de un edificio con una carpeta bajo el brazo. La imagen parecía tomada desde lejos. Clara no reconococió el lugar.

Tampoco al hombre.

Dio la vuelta a la fotografía.

Había una fecha escrita a mano.

16 DE SEPTIEMBRE

Mañana.

Debajo, una frase.

ÉL TODAVÍA NO SABE QUE ES EL PRIMERO.

Clara volvió a mirar el rostro del desconocido.

Entonces comprendió las palabras escritas en la taza.

MAÑANA SERÁS TÚ.

No hablaban de ella.

Hablaban de él.

Y alguien acababa de anunciarle un muerto con veinticuatro horas de antelación.

FIN DEL CAPÍTULO 2

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