Vivir con esclerosis múltiple desde 1999 significa aprender que aquello que ayer podías hacer hoy quizá ya no sea posible. Y aceptarlo no siempre resulta fácil. Hay días en los que mi cuerpo parece empeñado en recordarme quién manda, aunque yo continúe discutiéndole la autoridad.
Mi jornada empieza como la de tantas personas: con las tareas domésticas. La diferencia es que, para mí, moverme por casa exige calcular cada paso, buscar apoyos y procurar no perder el equilibrio. No caerme ya es una pequeña victoria. Hay cosas que antes hacía sin pensar y que ahora requieren toda mi concentración.
Pero mi día no termina cuando acabo las tareas de casa. Entonces llega una de las partes que más disfruto: me siento ante el ordenador y me pongo a trabajar.
Tengo dos canales de YouTube. Sí, dos. Porque una cosa es que mis piernas no quieran acompañarme y otra muy distinta que mi cabeza haya decidido jubilarse.
El primero es STERIMBERG, una serie de misterio y suspense que estoy creando episodio a episodio. Hay secretos, personajes, escenarios inquietantes y una historia que va creciendo con mi imaginación.
🎬 https://www.youtube.com/@sterimbergseries
El segundo es ESTER · LA SOMMELIER, donde recupero mi pasión por el vino y mi formación como sommelier para contar historias, curiosidades y maridajes. Porque detrás de una copa puede esconderse mucho más que una variedad de uva.
🍷 https://www.youtube.com/@ESTERLASOMMELIER
Todo esto lo hago desde mi ordenador, con mis limitaciones, mis dificultades y, sobre todo, con unas ganas enormes de continuar creando.
No voy a fingir que soy invencible. No lo soy. Cada vez necesito más ayuda para cosas que antes hacía sola, y esa pérdida de independencia duele. Hay momentos de rabia, de impotencia y de tristeza. Pero también hay momentos en los que termino un episodio, lo publico y siento que todavía soy capaz de construir algo mío.
Me gustaría que visitarais mis canales. Y, naturalmente, que os suscribierais. No voy a disimularlo. Detrás de cada vídeo hay muchas horas de trabajo, ilusión y una mujer que se niega a quedarse mirando cómo pasa la vida.
Y si no os apetece suscribiros, al menos me gustaría que supierais lo que hago cuando me siento delante del ordenador.
Porque la esclerosis múltiple puede limitar mis movimientos, pero todavía no ha conseguido ponerle freno a mi imaginación.
Y pienso seguir utilizándola.
Ester

