sábado, 6 de junio de 2026

LO QUE HICE CUANDO ENTENDÍ QUE MI VIDA HABÍA CAMBIADO



 





Cuando me diagnosticaron esclerosis múltiple, pasé por el mismo lugar por el que pasan muchas personas.

El miedo.

La incertidumbre.

La sensación de que el futuro acababa de romperse delante de mí.

No voy a decir que fui valiente. No lo fui. Tuve miedo, mucho miedo. También rabia. Y durante un tiempo vivió el duelo de la vida que había imaginado para mí.

Porque eso es lo que nadie te explica cuando recibes un diagnóstico así: no solo tienes que convivir con una enfermedad. También tienes que despedirte de algunas ideas sobre quién pensabas que ibas a ser.

Con los años entendí algo.

Mi vida había cambiado.

Si.

Pero iba a cambiar quisiera yo o no.

Y si no podía elegir la enfermedad, sí podía elegir qué hacer con el tiempo que tenía por delante.

Así que empecé a hacer planes.

Pequeños al principio. Después más grandes.

Me propuse ser sumiller.

Y soy sumiller.

Estudié, me formé y descubrí un mundo apasionante en el que todavía hoy sigo aprendiendo.

Después me propuse escribir una novela.

No una idea.

No unos cuantos capítulos.

Una novela completa.

La escribí, la corregí y la terminé.

Y la presenté a un concurso literario.

Ahora estoy escribiendo otra.

No sé si ganaré premios.

No sé si algún editor la publicará.

Pero ya consigues algo que nadie puede quitarme: escribirla.

A veces miro mi situación y veo todo lo que he perdido. Sería absurdo negarlo.

La esclerosis múltiple me ha quitado cosas: movilidad, seguridad, espontaneidad. Partes de la vida que antes daban por hecha.

Pero cuando miro con calma también veo otra cosa.

Veo todo lo que he construido después del diagnóstico.

Y entonces recuerdo que no soy solo una persona con esclerosis múltiple.

Soy una mujer que decidió seguir adelante.

Más despacio algunas veces.

Con más esfuerzo del que imaginaba.

Con caídas, lágrimas y días malos.

Pero adelante.

Porque aceptar una enfermedad no significa rendirse.

Significa aprender a vivir con ella sin entregarle el control de toda tu historia.

Y esa, al menos para mí, ha sido la verdadera victoria.





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