Hace quince años escribí un pequeño libro titulado Cuentos de Escle .
Lo escribí porque necesitaba explicar algo que a veces resulta muy difícil de entender: cómo se siente una persona cuando la esclerosis múltiple entra en tu vida y decide quedarse.
El libro se publicó. Estuvo a la venta durante un tiempo. No tuvo éxito comercial y acabó descatalogado.
Durante años pensé que aquella etapa había terminado.
Pero la esclerosis múltiple no se descatalogó.
Ella siguió conmigo.
Cada mañana
Cada visita médica
Cada cambio
Cada adaptación
Cada renuncia
Y también cada pequeña victoria
Han pasado muchos años desde que escuché el diagnóstico. La enfermedad ha seguido su camino, lento pero constante. He visto cómo algunas capacidades se han ido reduciendo y he tenido que aprender a hacer las cosas de otra manera.
No ha sido fácil.
Mentiría si dijera lo contrario.
Ha habido momentos de miedo, de rabia, de tristeza y de agotamiento. Días en los que me he preguntado por qué. Días en los que me he sentido sola. Días en los que ya no podía más.
Pero también ha habido amor.
Mucho amor.
Mi marido
Mi hija
Mi familia
Mis amigos
Los libros
La música
La escritura
Y todas esas pequeñas cosas que hacen que la vida siga teniendo sentido.
Hace unos días, durante una revisión, Luis - mi neurólogo desde hace 27 años - pronunció una frase que me hizo sonreír:
—La azotea te funciona perfectamente.-
Y pensé que era verdad.
Mi cuerpo ha cambiado mucho desde aquel diagnóstico.
Pero sigo emocionándome con una canción.
Sigo disfrutando de una buena historia.
Sigo escribiendo.
Sigo imaginando personajes.
Sigo presentando novelas.
Sigo creando proyectos.
Sigo soñando.
Por eso recupero Cuentos de Escle .
No para vender libros.
No para demostrar nada.
Simplemente porque creo que pueden ayudar a alguien.
Quizás una persona que acaba de recibir un diagnóstico.
Quizás una madre
Quizás un padre
Quizás alguien que, como yo hace años, necesita comprender que la vida no termina cuando aparece la esclerosis múltiple.
Cambia.
A veces duele.
A veces limita.
A veces enfada.
Pero sigue siendo vida.
Y merece ser vivida.
Escle continúa a mi lado.
Y yo, después de todo este tiempo,
aquí sigo.
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